¿Engagement o enragement? La pandemia y el SEO de la ira

 

En la carrera de los medios digitales por la búsqueda de la mejor optimización de su contenido en motores de búsquedas (SEO, del inglés search engine optimization) no es raro encontrar metodologías muy creativas e innovadoras todos los días.

Vale recordar que existen muchas herramientas de SEO, y de las llamadas “on page”, quiero referirme puntualmente a aquella que trabaja el contenido desde la titulación y la discursividad.

Cuando se trabaja el SEO desde el contenido hay que ser conscientes de que no hay fórmulas matemáticas que garanticen un resultado y, de hecho, lo que hoy “funciona” es posible que mañana, por diferentes motivos, incluso por los cambiantes algoritmos de Google, ya no funcione más. Es entonces donde queda habilitada la creatividad y la astucia de los editores para recorrer y apelar a todo el abanico de necesidades y sentimientos humanos para hacer que su contenido sea más atractivo, linkeable y clickeable y posicionable.

¿Qué hace que un contenido en un medio digital sea más clickeado que otro?

Infinidad de motivos: Descontando necesidades de todo tipo, desde sentimientos de empatía, cercanía, curiosidad y humor, hasta el morbo y el miedo.

Los comunicólogos sabemos manejar hábilmente los principios teóricos de la noticiablilidad y es por eso que nos es fácil detectar en los medios digitales ejemplos de trabajos de SEO de este tipo. También hay que decir que existen “modas” o formas de apelación de una época particular determinada.

Hace algunos años hemos visto pasar los titulares de listados: “Los 10 más”, los títulos del tipo “Sabías x cosa?” , las apelaciones ya convertidas en memes “No vas a poder creer x cosa…” o “La sorprendente reacción de x”.

Pero durante todo 2020 y con el mundo en pandemia, la última moda en herramientas de esta forma de hacer SEO parece haberse puesto combativa, y no le bastó con dirigir el comportamiento del lector o llamarle la atención con contenidos originales o atractivos, sino que buscó indignarlo, enojarlo y provocarlo para que su ofuscación se retroalimente y haga causa común con otros lectores tan indignados como él.

Yo le llamo el “SEO de la ira”.

El “SEO de la ira” funciona normalmente muy bien en algunas sociedades, sobre todo en las más desiguales, pero en el contexto de la pandemia funcionó de maravillas en casi todo el mundo y eso tiene una explicación bastante razonable.

Debido a que nunca antes se les había exigido a los ciudadanos sacrificios tan grandes, y esa entrega dada o esa privación y restricciones sufridas supone un compromiso social colectivo que no siempre existió en el transcurso de las distintas etapas de la pandemia, por no decir que pocas veces existió, la gente vivió con gran angustia el darse cuenta de que quienes determinan los destinos de las naciones (y de los ciudadanos) estaban muy flojos de ideas, perdidos y poco preparados para esta situación y, al mismo tiempo, la pandemia dejó a la luz una cantidad de injusticias y desigualdades las cuales, en aquella vida normal que teníamos hasta 2019, no eran tan notorias. Sumado a una sobrecarga mediática sin precedentes, el resultado fue una asfixia moral generalizada entre los ciudadanos que propició el momento perfecto para que el “SEO de la ira” fuera la estrella de la temporada 2020.

Incluso si uno quería divertirse un rato podía entrar a los portales solamente para leer los comentarios iracundos de los lectores.

Notas livianas como “La moda del invierno 2020” estaban plagadas de comentarios irónicos y rabiosos y noticias como “Liberación de presos por Covid” o las famosas extensiones de las cuarentenas sumaban más de 1500 comentarios iracundos en cualquier medio con buena audiencia.

En 2020 la pandemia y el “SEO de la ira” fueron un combo muy exitoso que tiende a continuar en 2021 con similares gradaciones dependiendo de cada sociedad y del devenir de los acontecimientos, claro. Solo prestaría atención a cierta tendencia o cambio cultural que se viene gestando en algunas personas que declaran que ya no ven más las noticias porque le resultan demasiado penosas y angustiantes y no porque nieguen la realidad, que puede ser penosa y angustiante efectivamente, sino por el excesivo tratamiento sofocante que le imprimen la mayoría de los medios.

Por la salud mental de todos y por la sanidad de los medios digitales, ojalá que en 2021 el “engagement” deje de ser “enragement”.

 

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